De ricos y pobres

De la condición económica humana

Aparentar por aparentar

Nos encontramos en un país con aroma tercermundista. No es que seamos pobres, si nos comparamos con el resto del mundo, pero tenemos en el alma el gen de la pobreza.

No es extraño, si tenemos en cuenta que este país fue la miseria de Europa hasta bien entrado el siglo XX. Incluso estudios científicos han comprobado que la pobreza se "hereda" en cierto sentido: comportamientos aprendidos de padres y abuelos persisten durante varias generaciones, aunque el ser actual viva en la opulencia.

Ser pobre no es malo en sí, más bien es una desgracia. Y un individuo pobre no tiene porqué comportarse de modo diferente en sus costumbres a uno rico, pues todos sabemos que hay ricos zafios y pobres exquisitos, como en toda sociedad injusta que se precie de ello.

Ahora bien, cuando no hablamos de indivíduos si no de grupos de población, la cosa cambia. El ser humano tiende a aplanar sus formas de actuar generales, a homogeneizarlas para seguir ciertos patrones. Como consecuencia de ello, sí es fácil determinar el comportamiento de un pueblo en base a sus condicionantes económicos, entre otros factores.

Es por ello que no se habla aquí de personas, si no de las lacras de una sociedad completa que proviene de la indigencia más absoluta. Un pueblo de labradores cuando en Europa se hacía la revolución industrial, un pueblo de corruptos dictadores cuando en Europa florecía la democracia, un pueblo de lápiz y papel cuando en el resto del mundo se informatizaban las empresas y administraciones.

En las siguientes entradas, se irán detallando una a una todas las características bizarras e indeseables de nuestro pueblo, de nuestro país, con las que tenemos que lidiar día sí y día también quienes aspiramos a vivir en una sociedad que no sea de locos si no de humanos.



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